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domingo, 26 de abril de 2015

Errores

Rabia. Furia. Enfado. Y más tarde... decepción.

¿Alguna vez has sentido rabia, esa rabia que recorre
cada centímetro de tu piel, cada gota de sangre que corre
por tus venas, cada pelo de tu cabeza, cada rincón de tu ser?

En cada mirada, en cada palabra, en cada gesto,
en cada movimiento. La notas fluir dentro de ti,
esperando a desatarse, como quién libera a una bestia,
al ser que llevas escondido dentro de ti, pero que lleva
mucho tiempo encerrado dentro, sin salir de su guarida.

Intentas reprimir los impulsos, antes de que se
te vaya de las manos, y sea demasiado tarde cómo para
poder frenarlo, pararlo, detenerlo. Pero no eres capaz.

Más tarde cometes errores.
Errores de los que te llegas a arrepentir durante toda
tu vida, acciones y palabras de las que marcan una pequeña huella,
que podrían no haber ocurrido, pero que se dijeron. Gritos, chillidos,
peleas, distancia. No pudiste contenerte, se te fue de las manos
y desataste un huracán, que arrasó todo lo que había por delante,
violentamente, sin parar, cegado por la furia y la rabia.

Pero cuando el huracán se calma, y todo vuelve a la normalidad
te das cuenta, abres los ojos, y ves la realidad.
Eres consciente de lo que has hecho, en un momento de descontrol,
en el que uno no pudo pararse y decir  basta.

Y acude la culpa.
Poco a poco nos encierra en un círculo, que cada vez que va haciendo más
estrecho. Sentimos una opresión en el pecho, que no te
deja respirar, en cada bocanada de aire que tomas, se hace
más pesada, y acabas ahogándote en un mar creado por
ti mismo.

Y por último, tras asimilar punto por punto, llegas a la
decepción. No con la situación, ni con ningún factor externo,
sino con uno mismo. Pierdes la confianza que tenías sobre ti mismo,
esa que te hizo tomar las decisiones equivocadas, en el momento
y lugar erróneos. Rompes las ilusiones que depositaste en sí mismo,
sientes que todo va fluyendo normalmente, menos una parte de ti,
sientes que algo te falta, algo que necesitas para volver a ser tú mismo.

Las personas cometemos errores continuamente, no somos máquinas,
no somos perfectos, pero lo importante de los errores no es cuántos has
cometido, cuales sido, o qué pasó. Lo importante de ellos es
aprender, para no volver a cometerlos. Uno puede cometer muchos errores,
pero no puede cometer el mismo error dos veces.

<< Muéstrame a alguien que nunca ha cometido un error y yo
te mostraré a alguien que nunca ha logrado mucho >> - Joan Collins

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No se por qué escribí esto ni cómo se me ocurrió,  así que no
preguntéis xD
Bueno, espero que os guste el texto ese raro :P

Att: Inés

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